Todos tenemos una gran historia de la que nos gusta alardear, ya sea de cómo conquistamos el corazón de una determinada persona, la vez que ayudamos a algún extraño sin esperar nada a cambio o la manera en que logramos aquello que nadie más pudo lograr, y ésta entrada habla precisamente de las anécdotas de éste último tipo, las historias que definieron nuestro futuro como gamers.
Hay una gran cantidad de relatos que podría comentarles; el desarrollo de un gamer desde edad temprana abarca las más diversas experiencias que uno podría imaginarse, juegos tan sencillos como comerce un dulce hasta verderas abominaciones de la programación que parecen salidas de las mismísima cabeza de Belcebú y que hacen que se nos retuerzan las entrañas y la bilis se nos derrame.
¿Cuántas veces nos hemos encontrado frente a la pantalla con el sentimiento de frustración debido a ese nivel desalmado que exige concentración absoluta y coordinación mano ojo perfecta? Seguro que a más de uno le habrá sacado canas verdes y le habrá provocado pensamientos acerca de arrojar el control y olvidarse de todo.
Más o menos así comienza mi anécdota: Tenía aproximadamente 6 años cuando todo ocurrió, en aquel entonces, mi primera aproximación a una consola de videojuegos había llegado de la mano del Super Nintendo, "El Super", para los cuates; las sesiones de juego se daban en casa de mi abuela paterna, mis primos, mi hermano y yo nos sentabamos por horas a disfrutar del entretenimiento digital que un aparato electrónico, el más avanzado de aquella época, tenía para ofrecernos.
Por aquellos tiempos, conseguir cartuchos originales de la consola de Nintendo era un verdadero martirio, sobre todo si eras de provincia, como su servidor, pero afortunadamente podías conseguir una suerte de compilatorios de varios juegos en uno solo, en los que la mayoría de las veces encontrabas joyas, pero que siempre incluían al único e incomparable "Super Mario World". Fue precisamente gracias a uno de éstos compilatorios que llegó hasta nuestras manos el título de "Aladdin", adaptación a videojuego de la homónima película de Disney.
El juego es bastante entretenido y simple en su dinámica, se trata de un plataformero con sidescrolling que nos lleva a recorrer las locaciones más famosas de la aclamada película animada, y que básicamente nos pasea por la historia completa del personaje que fue de ladrón a sultán, como sólo en una película de Disney podría ocurrir.
Comenzamos a jugar y pronto nos dimos cuenta que, para nuestra edad, las cosas resultaron ser un poco más complicadas de lo que creíamos, nos turnabamos el control, porque por supuesto, se trataba de un juego de 1 sólo jugador, y procurabamos avanzar lo más que podíamos entre todos; debido a nuestras edades, mi hermano, entonces de 4 años y yo 2 años mayor que él, no contabamos con grandes habilidades para los videojuegos, sin embargo, aportabamos lo que podíamos.
De poco a poco nos fuimos terminando las vidas y los continues que el juego nos proporcionaba, pero siempre avanzando a paso seguro, hasta que nos topamos con un nivel que no pudimos vencer, las horas transcurrieron y tras varios intentos de cada uno de los jugadores, decidimos rendirnos por el día. En aquellas épocas, teníamos por costumbre quedarnos a dormir en casa de mis abuelos con todos nuestros primos, por lo que convivíamos bastante y compartíamos habitaciones para hacernos de un lugar para dormir como podíamos, fueron buenas épocas en las que no había mucho de qué preocuparse salvo el hecho de no conseguir lo que nos habíamos propuesto en aquel juego.

A la mañana siguiente de lo acontecido, desperté muy temprano, mucho más temprano que todos los demás, y me dirigí a donde estaba situada la consola aún con los cables revueltos y los controles tirados por el lugar, la encendí, sin que nadie más se percatara de lo que estaba haciendo y me senté frente al televisor decidido a conseguirlo; comenzó el juego justo en el lugar donde nos habíamos quedado, se trataba del nivel de las nubes, donde Aladdin tiene que cruzar sobre ellas para llegar a la meta que se encuentra hasta el final del mismo.
Comencé a mover y controlar al personaje y al principio los mismos errores que se nos habían presentado la noche anterior volvieron a aflorar, pero en menos de 3 intentos había conseguido lo que ninguno de los otros 8 presentes había podido lograr, terminé el nivel. Al poco tiempo mi primo mayor, Cristian, despertó y fue a ver qué estaba haciendo, se sorpendió cuando vió la televisión y se dió cuenta que el nivel estaba superado y me preguntó qué era lo que había hecho para lograrlo, y yo sólo me limité a responder que me puse a jugar y de pronto ya lo había logrado.
Fue un momento de orgullo gamer, uno de esos que se presentan pocas veces y que son tan importantes en la vida del videojugador que los recordará el resto de lo que viva; la dificultad, los errores, el trabajo duro que al fin rinde su fruto, son por esos mismos momentos que quienes nos dedicamos a jugar lo hacemos, por la satisfacción de lograr cosas que nuchos otros no serían capaces de hacer, es el orgullo de la primer gran victoria que conseguiste al adentrarte en el mundo del gaming.
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